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Cómo encontrar trabajo en un sitio desconocido: Mallorca

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Antes de nada, perdonad la calidad de las fotos, ya que he conseguido recuperar algunas fotos de Tuenti, aquella red social alternativa a Facebook para niñatos de hace unos años, que murió para ser renacida en compañía de teléfonos, como siguen en la actualidad.

 

Breve introducción

Cuando yo era un crío, mi tío se fue a Mallorca a buscarse la vida, ya que aquí en Córdoba no encontraba lo que el buscaba.

Cuando venía en Navidad lo esperaba ansiosamente y ver como deshacía la maleta, admiraba ese alma aventurera que desprendía, ya que anteriormente había estado unas temporadas por las Islas Canarias e Inglaterra. Recuerdo verlo estudiar vocabulario de inglés, apuntando una a una las palabras de un diccionario español-inglés que tenía, y yo esperando a que me contara más.

 

Verano de 2010

Ya soy mayor de edad y tengo ganas tremendas de ir a Mallorca a probar como él hizo. Además, él me ofrece alojamiento, ya solo hace falta echarle un par de huevos.

Se lo comento a un amigo, que me encantaría probar, era el momento y no se podía hacer esperar o los puestos de verano serán ocupados. A este le faltó tiempo para contestarme: ¡vámonos, ya!.

A los días siguientes teníamos nuestro vuelo barato con Ryanair de Sevilla a Palma de Mallorca, unos 40€ creo que fueron, solo billete de ida. Una vez llegamos, nos dirigimos al pueblo donde vivía mi tío, Puerto de Alcudia, pero poco tiempo nos dio ese día para hacer más.

La mañana siguiente fuimos a imprimir currículums y carteles para pegar donde nos lo permitieran, 20 céntimos de euro por página sin color, se ve que aprovechaban el momento en la tienda. No tuvimos más remedio que gastarnos lo que nos pidieran, no conocíamos otro sitio y la prisa era presente.

Ese día hicimos una ruta de reconocimiento del lugar, y por supuesto una foto nada más llegar al puerto, que por cierto es bastante fea, por no decir horrible, pero me hace gracia 😆

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Cogimos unos mapas, que más tarde usaríamos también para visitar los hoteles, ya que venían muy bien indicados. A lo largo del día ya conocimos casi el pueblo porque no era muy grande que digamos.

 

Primera mañana de búsqueda activa de empleo

Entramos en el primer hotel, buscamos la recepción, le decimos que queremos dejarles el currículum, a lo que nos dice: vale, pero mira todos los que tengo ahí amontonados, y solo de esta semana…

Curriculums amontonados

No pasa nada, será la zona, sigamos probando. Segundo hotel: ¿en qué queréis trabajar?. Pues realmente me da igual de camarero que en cocina, vengo dispuesto a todo. Lo anota en la parte superior del currículum y lo guarda.

Terminada la jornada, volvemos a casa, apenados, visualizando lo complicado que va a ser encontrar trabajo después de que nos hicieran en el 70% de los hoteles que entramos aquella broma de:

…mira los que tengo por ahí, y son solo de esta semana (sonrisa malvada)

 

Segunda mañana de búsqueda activa de empleo

Mi amigo se aperrea, dice que eche por él, a lo que le respondo que levante el culo si quiere encontrar trabajo. Acabo saliendo solo con unos cuantos papeles del susodicho, que en cuanto vi una papelera a dos calles fueron su nuevo hogar. El que algo busca, algo le cuesta.

Sigo mi camino, rutina mañanera, casi completo la lista de hoteles y mañana será otro día.

 

Tercera mañana de búsqueda activa de empleo

Mi amigo dice que pasa de hoteles, que él se va a preguntar a los bares de la zona, que había muchos por la zona del puerto. Yo acabo el día completando el grandioso mapa de hoteles que me regalaron en el punto de información.

 

El resto de mañanas de búsqueda activa de empleo

La rutina era entrar en bares, restaurantes, o lugares donde pudieran necesitar a un chico tan majo como yo, pegar carteles con mi número de teléfono, y probar suerte.

Al cabo de los días llaman a mi amigo, que han visto su cartel y quieren conocerlo, hace la entrevista y ya es barman en un bar de la zona del puerto. No me lo podía creer, él no echaba ni la mitad de ganas que yo al tema.

Las ganas aumentaron, todos los días pasaba por la oficina de empleo por si habían publicado un nuevo puesto en el panel que tenían en la puerta, visitando otros establecimientos…

 

Comienzan las buenas noticias

Al cabo de otros tantos días me llaman al teléfono, que tiene un puesto para mí, a unos cuantos kilómetros de allí pero con buena comunicación en transporte público, vamos, en autobús.

Hago la entrevista, para cubrir un puesto de ayudante de camarero, me preguntan que si tengo experiencia como tal y sobre los idiomas, a lo que yo le contesto con total sinceridad que he trabajado en una bocatería, no sé llevar la bandeja pero yo pongo todo de mi parte por aprender lo más rápido posible, había leído cursos de hostelería y de algo también me servía. Referente a los idiomas, en el instituto he estudiado inglés, como todos los de mi edad, que me veo capacitado como para poder afrontar la situación, que viene a ser un guion, no son demasiados los términos que necesito conocer.

El tipo quedó un tanto extrañado, y al finalizar la charla me dice lo típico, que mañana me llamaría para bien o para mal. Me pareció la típica excusa barata, por no decirme que jamás me llamaría. Vuelta a casa, un poco desanimado.

A la siguiente mañana me llaman de otro sitio, que resultaba estar a escasos metros del hotel del día anterior. Total, que esta vez era para cubrir un puesto como reponedor y cajero en un supermercado dentro de las instalaciones que ofrecía un hotel 4*, perfecto. Al acabar, me el encargado me dice que mañana puedo empezar. ¡Qué emoción!

Justo al salir, me llaman de nuevo. Resulta que era el tipo del día anterior, para la oferta de camarero, que aunque no fuera el candidato perfecto notaba algo especial en mí, que estaría encantado de que trabajara con ellos, me ofrecía más salario que en el otro sitio pero soy un tío de palabra, y ya le había dicho al anterior que mañana iba a estar allí. Me permití el lujo de rechazar la oferta.

Todo bien hasta entonces, daba más vueltas que un tonto en el súper mientras veía cómo mis compañeras veteranas se quedaban charlando en caja, pero yo iba a trabajar, no a discutir.

 

Ahora vienen los problemas
  1. Mi amigo y yo nos enfadamos, él se va del piso, al cabo el tiempo aprendí a salir de fiesta solo, con el tiempo conoces a gente
  2. Pasan unas semanas y mi tío tiene que volver a Córdoba por ciertos motivos, y tendría que buscar un piso a medias alturas de verano.

Preguntando a compañeros, a los camareros del hotel con los que compartía sala comedor en el trabajo, pegando carteles de nuevo… a ver si encontraba habitación en un piso compartido.

A la semana o así uno de los camareros me llamó, ofreciéndome una habitación en el piso que había alquilado con otra compañera cocinera. La verdad es que fue bastante agradable la estancia con esta gente, un poco guarros en la cocina, eso sí. El hombre era de Granada, donde le esperaban su mujer e hijo, la chica de la República Checa, con historias interesantes que contar. Muy simpáticos.

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Pasamos los meses como podíamos, intentando librar el mismo día para poder salir juntos a otros lugares, como ir a la playa, visitar calas… y lo que nadie nos quitaba era el kebab del jueves noche.

 

Fin de la aventura

Aventura realizada con éxito, me quedo una semana para tomar unas vacaciones de relax y vuelta para casa. Experiencia 100% satisfactoria.

 

PD: por si alguien se queda intranquilo, al volver a mi ciudad y con el paso el tiempo, mi amigo y yo volvimos a hablarnos, nos dimos cuenta la gilipollez por la que nos enfadamos y nos disculpamos mutuamente. Se trató totalmente de una historia feliz y nos vino de maravilla separarnos para hacernos fuertes y poder vivir la aventura al máximo en solitario.

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